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Retos del Ministerio de Medio Ambiente
Antonio Brack Egg - Ecólogo
Ministro de Medio Ambiente
El siglo XXI será el siglo de las preocupaciones ambientales.
La humanidad entera afronta serios problemas
ambientales que comprometen la economía y las
sociedades a nivel global. Los indicadores son
claros: cambio climático y calentamiento global;
pérdida de recursos vivos o de biodiversidad;
enorme contaminación del aire y de las aguas;
escasez creciente del agua en regiones
importantes; urbanización creciente; pérdida de
bosques.
El Perú no está al margen de estos problemas. Los estudios
del Banco Mundial indican que la deficiente
gestión del ambiente ocasionó pérdidas cercanas
a los 8.200 millones de soles en el año 2003,
pérdidas que se repiten año tras año. Los
problemas ambientales están a la vista de todos
y los percibimos y respiramos: aire cada vez más
contaminado en las ciudades, que es causa de
enfermedades y de muertes; saneamiento muy
deficiente y con una creciente contaminación del
agua por falta de tratamiento de los efluentes;
un país lleno de basura por una mala disposición
de los residuos sólidos; conflictos sociales y
ambientales; minería informal e ilegal en todo
el territorio nacional; pérdida de bosques y
desertización; y un Estado lento en atender los
reclamos de los ciudadanos, que tienen una
enorme desconfianza en sus instituciones.
El gobierno peruano ha tomado la decisión de crear un
Ministerio del Ambiente y elevar, así, las
decisiones de una buena gestión ambiental al más
alto nivel de decisión política. Esto significa
poner al Perú a la altura de los tiempos
actuales, afrontar la problemática ambiental
desde una nueva visión para revertir los
procesos ambientales negativos y, así, mejorar
nuestra competitividad en los mercados
internacionales, aprovechando las nuevas
tendencias. Sin embargo, el anuncio de la
creación de un Ministerio del Ambiente ha
producido diversas reacciones a favor y también
en contra.
Las opiniones a favor van hacia la necesidad de fortalecer la
gestión ambiental, con el fin de proteger y
aprovechar mejor nuestros recursos y, tal como
lo recomienda la Defensoría del Pueblo, de
solucionar los numerosos conflictos sociales con
origen ambiental, en especial en el sector
minero, debido al temor justificado de que se
contaminen las aguas y los suelos.
Las opiniones en contra de un Ministerio del Ambiente apuntan
a que su creación solo generará más burocracia y
mayores gastos al Estado y a los contribuyentes,
asumiendo, además, que el Consejo Nacional del
Ambiente (Conam) y la estructura actual son
suficientes y que funcionan bien.
Durante más de 400 años el Perú no ha sabido usar de manera
sostenida los innumerables recursos que posee y
solo ha basado su desarrollo en el uso de
determinados recursos, lo que permitió
temporalmente períodos de auge, seguidos de
largos períodos de crisis, como consecuencia de
una sobreexplotación.
Los ejemplos más importantes son el ciclo del guano de las
islas, el del salitre, el del caucho y el de la
anchoveta. Por otro lado, el sector
agroindustrial también tuvo un período de auge
que duró más de siete décadas, hasta que
finalmente colapsó cuando se introdujo la
Reforma Agraria en 1969 que redistribuyó los
derechos de propiedad de la tierra.
Hasta finales del siglo XX el desarrollo de las actividades
económicas y el uso de la tierra ocurrían sin la
adopción de salvaguardas ambientales, lo que
ocasionaba al país enormes problemas con graves
impactos en los recursos naturales y en el
bienestar de las poblaciones humanas. Solo a
partir de los años noventa comienzan a darse
importantes normas ambientales que regulan las
actividades extractivas como la minería y
ocurren importantes avances en sectores como la
industria, la producción y el turismo, gracias
a las mejoras en el manejo de los recursos
naturales y de la conservación de la rica
biodiversidad.
Esto como resultado, por una parte, de la ratificación de
Convenios y Tratados internacionales y, por
otra, de la creciente presión de la opinión
pública en estos temas, en especial de las ONG
ambientales.
Sin embargo, aunque existen hoy mejoras sustanciales, la
gestión ambiental en el Perú aún se encuentra
dispersa en diversos sectores, caracterizados
por su falta de coordinación y de una visión
integral del asunto ambiental.
En el Ministerio de Salud encontramos a la Dirección General
de Salud Ambiental (Digesa), encargada de
analizar y de controlar las condiciones de salud
en el ambiente. Esta entidad, aunque ha logrado
ciertos avances en el establecimiento de algunos
estándares, estos no han sido suficientes para
la reducción de los graves problemas de
saneamiento ambiental, aspecto que en la
actualidad representa el problema ambiental más
importante en el Perú. Por otro lado, como parte
del Ministerio de Agricultura, tenemos al Fondo
de Promoción del Desarrollo Forestal (Fondebosque)
y al Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena).
Este último es responsable de los recursos
forestales, de la fauna silvestre, de las Áreas
Naturales Protegidas, de los recursos hídricos y
de las tierras de producción agropecuaria.
Lamentablemente, hoy es bien conocido, por medio
de la prensa, que existen una serie de denuncias
respecto al mal manejo de los recursos, lo que
revela serios problemas técnicos y
administrativos en su interior que deben ser
enfrentados para asegurar
la sostenibilidad de nuestros recursos.
En otros sectores están dispersas instituciones como el
Senamhi, el IIAP, el Imarpe, entre muchas otras.
También tenemos, como dependencia de la Presidencia del
Consejo de Ministros, al Conam, entidad
encargada de coordinar el trabajo de las
autoridades ambientales sectoriales a nivel
central, local y regional.
Aunque esta institución tiene el título de Autoridad
Ambiental Nacional, no cuenta con un nivel
administrativo de alto nivel.
El avance más notable en materia ambiental está en el Sistema
Nacional de Áreas Naturales Protegidas, que
comprende más de 18 millones de hectáreas, y que
es apoyado por el Fondo para las Áreas por el
Estado (Profonanpe), que ha logrado canalizar
cerca de 90 millones de dólares de la
cooperación internacional para los esfuerzos de
conservación.
Debido a este complicado sistema de gestión ambiental,
disperso en diversos sectores y que carece de
una política ambiental única e integral, aún
subsisten graves problemas ambientales, que, por
una parte, afectan la salud de las personas y,
por otra, conducen a un deterioro creciente de
los recursos naturales.
En el Perú, los problemas de la degradación
ambiental, del deterioro de los recursos
naturales y de los desastres provocados
ocasionan costos que bordean el 3,9% del PBI,
esto sin contar lo que se deja de ganar por la
paralización de procesos productivos y el
alejamiento de las inversiones. Lo peor es que
estas pérdidas se repiten año tras año y son un
gran obstáculo para superar la pobreza. La falta
de una adecuada gestión ambiental le ocasiona al
Perú grandes pérdidas económicas, en comparación
a otros países con niveles de ingreso similares,
y ha ocasionado la vulneración de derechos
fundamentales como el derecho a la vida, a la
salud y a la paz social.
Esto perjudica sobre todo a los más pobres, ya
que son ellos quienes están más expuestos a los
riesgos ambientales y carecen, además, de los
recursos para mitigar esos riesgos.
Son muchos los factores que contribuyen al
problema de la degradación ambiental en nuestro
país. Los primeros en la lista son el mal
abastecimiento de agua y la falta de saneamiento
e higiene. A estos le siguen la contaminación
atmosférica urbana, los desastres provocados por
falta de prevención, la exposición de la
población al plomo, la contaminación dentro de
las mismas casas, sobre todo en zonas rurales,
la erosión del suelo, la deforestación y la
disposición inadecuada de residuos.
Nuestro país está dotado de importantes recursos
hídricos, pero debido a la mala distribución, a
la falta de saneamiento e higiene y a su
creciente contaminación, la calidad de estos se
va deteriorando. Además, son más de 12 millones
de peruanos los que no tienen acceso a servicios
básicos de saneamiento. De ellos, 5,5 millones
pertenecen al área rural. Mientras esto sucede,
en otros lugares se desperdicia el agua, como,
por ejemplo, en la agricultura con el riego por
inundación o gravedad. Las aguas contaminadas,
vertidas sin tratamiento alguno al ambiente,
producen enfermedades comunes, en especial las
diarreicas, responsables del 9 al 13 por ciento
de la mortalidad infantil. Peor aún, en las
zonas rurales donde se carece de
infraestructura.
La contaminación del aire también es un problema
muy extendido en los centros urbanos y es
originada, sobre todo, por la falta de
supervisión del transporte y de las actividades
industriales. En el Perú la contaminación del
aire es responsable de casi 4 mil muertes por
año y aunque se han dado pasos importantes para
controlarla, todavía falta mucho por hacer.
Fenómenos intensos, como los terremotos, los
huaycos y las sequías, son muy frecuentes y se
originan por causas naturales; lo que no es
natural son los desastres que estos fenómenos
provocan, ya que se deben muchas veces a la
falta de prevención de las mismas personas.
Viviendas mal construidas y ubicadas en zonas de
peligro, tala de bosques que provocan la erosión
de la tierra, falta de planificación y de
control por parte de las autoridades en el uso
de la tierra, son solo algunos de los factores
que contribuyen a crear estas condiciones de
desastre.
La exposición a emanaciones de plomo tiene
también importantes repercusiones, sobre todo en
los niños, ya que, además de provocar efectos
gastrointestinales y
anemia, puede disminuir hasta en 2 puntos su
coeficiente intelectual, causando retrasos
mentales ligeros en unos 2 mil niños por año. La
ciudad de La Oroya es uno de los casos más
terribles en nuestro país, donde los menores
tienen una concentración de plomo en la sangre
cuatro veces superior al permitido, según los
estándares de la Organización Mundial de la
Salud.
Nuestro país pierde cerca de 300 mil hectáreas
de tierras agrícolas al año, a causa de la
erosión, lo que se traduce en pérdidas
económicas y de oportunidades para los
agricultores. Lo peor de todo es que, al
perderse la fertilidad de un terreno, se ocupan
nuevas zonas para generar el mismo problema y el
proceso de erosión no se detiene. Algunas de las
causas de este proceso son las malas prácticas
agrícolas como el sobrepastoreo y la
deforestación, así como la falta de capacitación
y de transferencia de nuevas tecnologías.
La deforestación en el Perú alcanza ya las 10
millones de hectáreas, y no contentos con ello,
se siguen talando y quemando cada año 150 mil
hectáreas adicionales para ampliar la frontera
agropecuaria.
Esto le ha costado al país al menos 25.000
millones de dólares, ya sea por la quema de
maderas aprovechables o por la pérdida de la
fertilidad de la tierra y de otros servicios
como la calidad del agua. La deforestación, en
pleno siglo XXI y en medio del cambio climático,
no solo es un crimen para la humanidad, sino que
hace que se deje de aprovechar un valioso
potencial para la venta de servicios
ambientales.
En el Perú no existe una gestión eficaz de los
residuos sólidos y líquidos por parte de las
autoridades municipales y de las instituciones
encargadas. Los residuos terminan siendo
depositados en el ambiente sin el tratamiento
previo, lo que se agrava con el crecimiento
acelerado y desorganizado de las ciudades.
Publicado en: Economía y Sociedad 67, CIES,
abril 2008
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